Advertencia

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Los Amores Secretos de Diablo es la historia de un hombre que decide narrar con detalle, sus romances, para complacer la avidez de fantasías de un grupo de presos peligrosos.

Las acciones relatadas en este escrito son ficción y los personajes como sus nombres son imaginarios. Se advierte que cualquier parecido con su realidad o la del autor, es pura coincidencia.

El argumento de la obra es mutable ya que se esta escribiendo en tiempo real, por esa razón cada semana se publicará un episodio nuevo.

El interés de escribir y publicar esta narracion no es más que narrar una historia con libertad. Este escrito no tiene ningun fin educativo, ni de formación espiritual, o de superación personal, esto me da la libertad de tratar el tema a mí entera discreción.

El lenguaje utilizado es alegórico al utilizado por el vulgo de la ciudad de Santiago de Cali (Colombia), por eso tanto su jerga como el acento, se emplea de manera generosa.

Los errores de ortografía, redacción y estilo en las entradas antiguas pueden ser corregidos a discreción del autor... Algunas imágenes adjuntas pueden ser sensibles a determinado tipo de lector, pero el único objeto es recrear o ambientar el tema de la historia

Este cuento, a percepción personal, no concibo como relato erótico, ni como pornografía, ya que no lo escribo con ese fin.

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28 febrero 2008

Capitulo II, Episodio 9

Abrirnos Paso a Sangre y Fuego

Terminada la escaramuza, todos regresaron a sus posiciones, La Marrana, El Siete Muertos y El Zarco se abrieron espacio entre las personas de nuestro turno. Los Rojos entraron a las duchas, pero, El Comandante Miranda se quedo observándome, mientras un subalterno le presentaba las conclusiones del incidente protagonizado por Calígula y yo.

- Que le paso a este loquito – Me pregunto La Marrana – Sera que se nos esta “torciendo” -

- ! Marica! Eso no puede pasar – Replico el Zarco – Eso significaría volver al lado de las malditas Ratas, estar cerca de ellos, compartir las vainas con ellos, comer lo que comen ellos, dormir con ellos y como ellos…

- Pues si volvemos al lado de esos “desechables” aquí esta este puñito con el que les voy a borrar todo lo que se llama cara – Exclamo El Siete Muertos – No voy a permitir que nadie se propase conmigo así me tengan que llamar después, El Mil Muertos -

- Tranquilos “pelaos” que no vamos a perder ninguna de nuestras preferencias en este sucio lugar, ni mucho menos vamos a tener que abrirnos paso a sangre y fuego entre las Ratas, solo que Calígula me esta obligando a tomar partido y a colaborar con su maldita ambición de poder y de dinero -

- Pero de alguna forma le tendremos que pagar todos sus favores – Me impugno La Marrana – No hay nada gratis en este mundo y dinero es lo que no tenemos, ¿que otra opción queda, mas que trabajar para el? -

- Estoy de acuerdo con vos, pero el mandado de Calígula, podría hacernos salir de aquí con los pies adelante, rumbo hacia la morgue. Así que debo encontrar la forma de evadir este compromiso hasta que hallemos una manera de pagarle el favor -

- ¿Y si no lo hacemos? ¿Pero que cosas estoy diciendo? Se va olvidar de que somos sus viejos amigos. ¿Que mas da?, no vamos a poder nosotros cuatro contra el mundo. Mejor hagamos equipo con Calígula, pero eso si, que nos cuide y nos haga salir de aquí con vida. Me he enterado que todos los “Patrones” están con el. Y de verdad, los que no están con ellos están en su contra. Noo… no se ustedes pero apenas pueda, le voy a decir a Calígula que me tenga en cuenta, yo no quiero “marcar calavera” – Agrego La Marrana

- ¿Quien te dijo que “Los Traquetos” se juntaron con Calígula? -

- Uno de sus “Muchachos” El estuvo presente en una reunión entre Los Dones del Norte y Los del Centro. Calígula, quien decía tener un plan, los Convenció de poner el dinero -

- ¿Y cual es el plan de Calígula? – Le pregunto El Siete Muertos

- No, eso no me lo quiso contar. Diablo usted si sabe, ¿No? -

- No en realidad, solo me encargo una misión, pero no estoy seguro de lo que se trae entre manos, pero podría asegurar que es una gran locura, a su estilo. Esta bien, esto es lo que vamos hacer: tratemos de sobrellevar la situación, lo mejor es no precipitarse, ni comprometerse; quien sabe que pase de hoy a mañana. mientras tanto yo continuare haciéndole creer que estamos colaborando con su causa. ¡Zarco! Métase pues, papá, a la fila que lo van sacar -

21 febrero 2008

Capitulo II, Episodio 8

Il Figlio della Mafia

Calígula, más que delincuente consumado, era un gran actor. Gracias a esa habilidad tenia convencido a todo el mundo de su influencia y de su peligrosidad, no había absolutamente nada legal e ilegal, dentro de este reclusorio, que no pasara primero por su oficina y que no tuviera su visto bueno. Le hablaba al oído al director y activaba los motines, era la conexión entre el comandante de la guardia y el bajo mundo, pero el responsable de las fugas; ficha clave en la logística de la guerra que sostenían los Señores Oscuros, pero a su vez, les daba con que defenderse a Los Rojos; los alojamientos y las comodidades, las comidas y los licores, las comunicaciones y los envíos de mercancía; las visitas conyugales clandestinas y las putas; el servicio medico y los ajusticiamientos; conseguía al mejor abogado y también al Obispo. El era un gran pulpo con sus tentáculos puestos en todos los rubros del penal.

Calígula, así como apodaban los soldados al emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico, en realidad no era descendiente de ningún Emperador romano, ni tenia algún gusto excéntrico por calzar cáligas, ni una pesebrera en marfil en su celda, ni mucho menos el equino; pero los pocos conocimientos en historia clásica que pudieran tener sus semejantes lo relacionarían con el cruel, autoritario, presuntuoso, morboso, sádico, malcriado, caprichoso, extravagante, maniático, fantasioso, tirano, inescrupuloso, aberrado Cesar que rigió el imperio. “Cría fama y échate a dormir”

También se aprovecho del mito de la encarnación del Anticristo en la figura de algún rey, emperador o ministro sanguinario y/o extremadamente maquiavélico. Por esa razón sobre su hombro izquierdo llevaba un deslustrado tatuaje de un demonio verde y debajo del garabato a forma de una cinta el apodo Calígula. Los crédulos y los supersticiosos entendían que dicha marca le daba poderes sobrenaturales o lo identificaba como un mesías del demonio, con una misión de horror sobre el planeta, y que desde su celda estaba reclutando los siervos que le ayudarían a implantar su reinado oscuro en este mundo.

Por otro lado, también se construyo la boga de “figlio della Mafia”, de acuerdo con su genealogía, la que el se invento, era nieto de un miembro de la “Cosa Nostra”, mas exactamente de un “Consigliere” de una de las familias; que presionado por El Perfecto de Palermo no tuvo mas remedio que huir con su esposa, el menor de sus hijos y algunos nietos adolescentes a Sudamérica. Entonces, aquí buscar asilo y lavar sus activos, rescatando así parte del tesoro de la organización. Pero árbol que nace torcido, su tronco jamás endereza; los jóvenes volvieron a inclinarse hacia el tráfico y el contrabando.

Calígula, se portaba en la cárcel como un “Gabellotti” de antaño, administrado negocios y administrando el crimen. Te protegía de sus matones, te prestaba el dinero que luego te robaba y te curaba las heridas de su puñal. Esa dualidad lo hacia un hombre sumamente versátil, oportunista, visionario e inescrupuloso. Como también lo había convertido en alguien sumamente rico y poderoso.

Tenia un magnánimo negocio en sus manos, todo planificado y organizado, solo le faltaba una pieza, y esa pieza era yo. Desde jóvenes juro nunca inmiscuirme en sus asuntos, el juramento fue que jamás me confesaría nada y que jamás me involucraría en sus actos delictivos; siempre había cumplido con devoción aquel pacto, pero esta vez había mucho dinero de por medio, nuestra libertad y nuestras vidas, urgía de mi ayuda para logarlo o perderlo todo. Ni la maldad reencarnada de Cayo Cesar, ni el mito del Anticristo que se incuba en una prisión, ni todo el poder y respaldo de la Mafia Siciliana, lo salvaría de su castigo por defraudar a Los Señores Oscuros y Traicionar a Los Rojos.

- Veo que estas dispuesto a ayudarme esta vez – me susurro a la cara, sin dejar de actuar.

- ¡Esta bien, Esta bien! Don Calígula, así es que lo tengo que llamar o ¿no? Le pagare hasta el ultimo centavo que le debo por lo beneficios que usted me da. Pero, le va tocar tener paciencia.

14 febrero 2008

Capitulo II, Episodio 7

Favor con Favor se Paga

- No es vanidad es realidad – Contestaba El Zarco, con picardía, mientras hacia uno de sus gestos de prepotencia.

Nos alistábamos para el baño diario. Los guardianes habían dispuesto todo para que siguiéramos por turnos y así mantener el orden, la disciplina, evitar algún homicidio y hacerse algunos pesos extras. Después de Los Señores Oscuros, le correspondía el turno a Los Rojos. Cuando la máxima jerarquía del patio terminaba con el aseo de sus cuerpos, entraríamos nosotros con unos cuantos privilegiados: las personalidades, los que prestaban algun servicio social y los acaudalados, quienes podían pagar por el derecho de bañarse en nuestro turno. Y de ese modo continuaba toda una pirámide social, hasta que en el último lugar lo hacían Las Ratas.

Ese tipo de organización nos garantizaba cierta comodidad y seguridad. Como las duchas no tenían puertas, no existía la privacidad; inevitablemente nuestros ojos recibían descargas de imágenes dantescas, asquerosas y deslucidas: dermatitis, venéreas, abscesos, cicatrices, hernias, malformaciones, amputaciones, tatuajes, eran elementos normales de ese horrendo paisaje; lo eran también los escupitajos, deyecciones y la orina, que corrían con el agua que pasaba entre nuestros pies.

Ironicamente, había que estar muy atentos; pues la neblina del vapor de agua en varias ocasiones fue complice de los ajustadores de cuentas y de los violadores. Muchas veces tuvimos que carear a más de un degenerado por defender al Zarco; sus carnes lozanas y rollizas atraían a los que por varios meses no recibían visitas conyugales. Es cierto que en este tipo de lugares las personas terminan por degradarse hasta el punto de comer sobrados, heredar ropa interior, reciclar cuchillas de afeitar y cepillos de dientes y... ¿por que no? Saciar la libido con algún hombre de formas redondas. Entre los que querían saciar esa libido estaban los enemigos acérrimos del Zarco.

- ¡Hey diablo! - Me llamaba la atención Calígula, se acerco sonriente y me hablo en voz baja - ¿Ves con quienes acabo de hacer tratos? –

- Pues si acabas de salir de la ducha en el turno de los señores oscuros, me imagino que con alguno de ellos -

- Si, vos sabés que en los baños públicos, desde la antigüedad, se sellaron muchísimos tratos - Se acerco me tomo por los brazos con ambas manos, beso mi mejilla, y me susurro al oído - Vamos a ser ricos, muchacho! - Después lanzo una sonrisa y se abrazo con los demás.

- Me alegro por vos – Le conteste, notablemente desanimado.

- Vamos, ¿que pasa bambino? hazle honor a tu nombre, Vamos a sacarle provecho a todo esto, después nos largamos a vivir donde siempre has querido hacerlo. Y le arreglamos la vida, también, a tus tres comensales. Solo necesito de tus favores, ¡de tu talento! Recuerda que todos estos beneficios no son gratis... y favor con favor se paga –

Me devolví para mirarle airadamente a los ojos y le conteste:

– De eso estoy completamente seguro –

Entonces su gente se movilizo, para defenderlo. El Siete Muertos, La Marrana y El Zarco se pusieron a mi costado, mas por instinto que por la razón; Los Rojos que iban entrando a la ducha se detuvieron en su marcha; Las Ratas empezaron a salir de sus antros, como hienas, para ver que podían tomar después de la faena; y todos los demás se suspendieron en la atmosfera, que habíamos creado Calígula y yo. Se podía sentir la tragedia invadirlo todo, como cuando el aire húmedo y la brisa fría que anticipan a la tormenta, aderezan el ambiente dandole esa fragancia tan caracteristica.

30 enero 2008

Capitulo II, Episodio 6

El Amor Platonico del Diablo

¡Era mi amor platónico, oh que mujer! No había hembra madura en el mundo que me hiciera despertar tanta curiosidad como ella. Con más de treinta encima, tres embarazos, muchos matrimonios fallidos y algunos amantes (ya comprometidos), ella aun se mantenía fresca como una verdura. Sus nalgas pequeñas, sus tetas puntiagudas, su cara de modelo de portada de revista, su sonrisa coqueta, su guiño con picardía, hacían que no apartara mis ojos de ella al verla transitar. Era tanto lo que me gustaba que esperaba su regresar del trabajo para ponerme en posición desde un edificio vecino; y así verla cambiarse de ropa: acostumbraba a entrar a su habitación y con las cortinas abiertas y sin ningún tipo de recato, se despojaba de su traje de oficinista. Desabotonaba su blusa de manga larga que colgaba en el gancho de ropa, quizá evitando ajarla y usarla en otra ocasión; modelaba uno de sus múltiples sostenes finos de sutiles colores pastel, mientras se la ocurría bajar el cierre trasero de su falda corta, justo a tres dedos de la rodilla.

Siempre llevaba ropa interior diminuta, como llamamos aquí en Cali “tanguitas brasileras,” que marcaban sus nalgas y sus caderas de manera excepcional. Luego se daba vuelta para desabrochar el sostén, pero con ligereza, se cubría con una camiseta ombliguera, evitando así que algún mirón lograra ver un poco mas de lo habitual. Si el clima estaba a mi favor, podía verla pasearse en esa facha por todo su apartamento. Que delicia observarla cocinar o mirarla deambular por el lavadero; o mejor aun, danzando sugestivamente con el trapeador o con la escoba.

De lunes a viernes, y si no llegaba su amante de turno, podía contemplarla y fantasear con tocarla alguna vez. Mientras me mordía los labios y ejercitaba mi visión me preguntaba: ¿Será que ella sabe que la observo?… ¿Como diablos no se da cuenta si desde la entrada a su apartamento podia ver mi cara como una bandera o una señal de transito?

- Yo creo que si – Me interrumpía El Zarco - Yo muchas veces jugaba a las bolas con su hijo y la “guindiaba” Yo creo que ella lo hacia porque le gustaba que la “morbosiaran” o tal vez quería que yo me la “comiera”. -

- No seas absurdo, si en ese entonces no eras más que un cagón. Ni los “guevos” te habían bajado. ¡Que iba a pensar en vos, como un hombre! -

Como siempre él intentando hacerle creer a todo el mundo que su mundo imaginario era el real. ¡Mitómano! Ninguno de nosotros estaba cerca de alcanzarla. Se necesitaba mucho más que ojos y una cara bonita para disfrutar de sus atributos.

- Como sea, solo quería contarte que antes de quedarme dormido me acorde de ella - Le hable en tono enérgico al Zarco.

El Zarco detestaba que no le creyeran sus fantasías, podía pasarse todo el día haciendo mala cara y con pésima actitud. Burlándose y desmeritando a todo el mundo, si alguno de nosotros no soportaba más su arrogancia y su pedantería.

- Están hablando de otra de tus amantes… eso no vale. Voy a traer el lápiz y la lista, esperáte ahí no te movás. Eso debe quedar registrado - Me hablo El Siete Muertos.

- No perdás el tiempo, Le grite, ni muchos menos te alejés del grupo. Que ella por mas que quise no esta en mi supuesta lista. Más bien apuntásela al Zarco. – Irónicamente – que a lo mejor el si se la “comió”-

- Pues de haberlo querido lo hubiera hecho, no existe una mujer que me haya dicho a mi, que ¡No! Escuchen bien: No ha nacido la mujer que le haya dicho que no a…

- ¡Calláte!, que estas llamando la atención de todo el mundo, sigue con tu maldita vanidad y de seguro un día de estos no podremos defenderte - Interrumpio La Marrana.

12 diciembre 2007

Capitulo II, Episodio 5



Y de su Amor Estando Viuda

Mis compañeros de celda se miraban el uno al otro, como si estuvieran esperando por un desenlace, mientras tanto yo trataba de sumergir mi visión entre la oscuridad y mis oídos estaban prestos a captar cualquier minúsculo sonido, pero las sombras y los ecos guturales de esta prisión disimulaban las siluetas y los murmullos. El Siete muertos se levanto de su camarote, paso sus manos por el rostro y por sus ojos limpiándolos de legañas, metió sus inmensos pies en sus sandalias Cauchosol; puso en la cama el papel con el nombre de Charol y Sandra seguido de aquellos extraños códigos, el lapicero lo empuño como una daga mientras se ponía en camino hacia la reja.

- Vamos a ver quien se muere esta noche – Amenazando al fantasmagórico sonido.

- Siéntate, lo que haya sido ya se fue – El Siete Muertos termino con su puesta en guardia y con el animo caldeado se tiró a la cama.

- La próxima vez no va haber poder humano que me detenga – Me reprochaba

Me cubrí entonces con la cobija para evitar el ataque de los mosquitos en mis pies; tenía que evitar caer enfermo por Dengue Hemorrágico. En este lugar aquellos insectos llegan como hordas enviadas por Satanás para atormentar a sus victimas y a sus devotos por igual.

Regresa de nuevo el recuerdo de Sandra Cabal en las escaleras de aquellos bloques de apartamentos, de la cobija que de capa paso a ser un techo, de los muros que nos escondía de alguna mirada indiscreta como del viento gélido que bajaba de los Farallones de Cali. Recordé el frío en mis dedos engarrotados y su atrevido ofrecimiento de calentarlos bajo su estrecha blusa.

En efecto mis manos se calentaron y mis dedos recuperados acariciaban las costuras del encaje superpuesto en las copas de acrílico y alambre; elementos que cargaban sus suculentos senos. Mis labios trataban de causar distracción, con sus cambios de ritmo y las múltiples figuras al besar; permitiendo, así, que mis manos ocuparan un palco de honor en su pecho. Pero el odioso acrílico, que en su intento de dar horma y volumen blindaban sus pezones de caricias, y evitando que mis dactilares reconocieran su excitante turgencia.

Acomidiéndose, Sandra manda sus manos a la espalda, soltando los broches del sostén que asfixiaban sus pechos y a mis intenciones. Ella liberaba sus sentidos y mi imaginación; atrás quedo el recluta que esquivaba balas en el monte, porque su virgen la que sus cabellos arrancaría en agonía y de su amor estando viuda los colgaría del ciprés, en vez de guardarle fidelidad se entregaba a una nueva pasión.

¿Estaba siendo elegido yo como su acompañante temporal? Todo parecía apuntar hacia el si. Pues sus pechos semidesnudos estaban expuestos a mis ojos y mis besos, con todo su beneplácito.

Aunque contentísimo de verme contemplando sus atributos, había algo que nos devolvía la cordura, y era la probabilidad de ser sorprendidos en cualquier momento. ¿Por quien? Por el vecino del Zarco que padecía de insomnio: por sonidos menores al que nos interrumpió hace un momento en nuestra celda, salía afanosamente al balcón a protestar. De igual forma La Madre del Zarco, ella era espía de todos, gustaba alojarse en la ventana de su apartamento como una lechuza de campanario, y así observar todos los movimientos que en el interior de la unidad residencial ocurrían, cualquiera carecía de privacidad siempre y cuando ella se instalara en su atrio a buscar información que compartir. O podía ser el portero el encargado de sorprendernos, puesto que cada hora debía pasar haciendo su ronda nocturna, aunque si bien me alcahueteaba todo lo que se me antojara hacer, Sandra podría verse en una posición incomoda y culparme de ello.

Aun así este apasionamiento no permitía que abandonáramos el juego, solo hasta que sentimos los pasos de unos zapatos femeninos que se dirigían hacia nuestro lugar.

06 diciembre 2007

Capitulo II, Episodio 4

Vestida y Alborotada

“Me da pereza subir ahora, creo que me quede vestida y alborotada” era la excusa que me daba por su vertiginoso regreso.

- Cruzo sus piernas largas e inclino su cuerpo, para así terminar sentada en uno de los escalones, abrió sus ojos grandes y sonrió. Esa noche hacia frío, el viento del cerro enfriaba mis manos, el bloque de apartamentos “D” dejaba pasar el viento entre sus paredes y este corría por los pasillos y escaleras.

- Huy si, que frío el que hace allí – Me daba la razón El Zarco.

- Le dije que me dejara ir a mi hogar por una cobija, para que nos cubriéramos del sereno de la madrugada, ella acepto. Llegue a mi habitación y entre todas las cobijas escogí mi preferida: Una cobija suave, lanuda, con un estampado a cuadros color pastel, algo infantil, pero sumamente cómoda. Regrese al lado de mi descomplicada universitaria, me senté a su lado, desenvolví la frazada y le arrope la espalda, luego cubrí la mía.

- Aja ¿Y que mas? - Preguntaba El Siete Muertos.

- Continué mi conversación, preguntándole sobre su vida en Buga. Me lo contó casi todo; me hablo de su familia, de sus hermanas y de sus primas; me relató sobre algunos amigos, de sus compañeros de colegio, del equipo de básquetbol, de sus mascotas y de su novio.

- ¡Que “cagada” tenia novio! – Exclamo La Marrana.

A lo que instantáneamente respondió El Zarco – Como si eso importara –

- Y esa era, incuestionablemente, la verdad. Aunque decía amar a su pareja y con entusiasmo lo describía física y mentalmente, que entre sollozos me contaba que prestaba el servicio militar obligatorio en una zona peligrosa; me dejo en claro que en sus largas esperas, que muchas veces eran de un semestre, ella se sentía sola, muy sola; que de vez en cuando necesitaba sentirse mujer y que había pensado en tener una compañía temporal -

- Lo que estaba buscando era un “man” que le midiera el aceite – Aseguro La Marrana.

- Que le “pegara su revolcadita” - Dijo El Siete Muertos

- Bueno, ¿y quien era yo para decir si estaba bien o mal? Yo solo le ofrecí mi cálida cobija a lo que ella respondió con una sonrisa. Cerró sus ojos y me ofreció con lentitud sus labios entreabiertos. Yo me apresure a besarle suavemente; el beso poco a poco cambio su matiz, se tornaba apasionado y desesperado.

- La hembra le tenia ganas – Interrumpió El Zarco.

En eso podría no estar equivocado mi amigo de ojos azules, pues sentía su pasión en cada beso; su lengua salía y entraba de mi boca, como simulando un coito, sus manos acariciaban mis brazos y mis hombros, yo abandone el psicoanálisis y me deje llevar. La testosterona inundo mi cuerpo, hay alarma de sexo. Deje de besarla, la mire fijamente, mientras ella me recapturaba agarrándome de la nuca.

- Le bese el cuello, después; mientras mis manos acariciaban sus piernas –

- ¡Maricaaaaa! ¿Y que paso? – Pregunto El Siete Muertos.

En ese momento oí que alguien, detrás de nosotros, dejaba escapar un profundo suspiro. Me di la vuelta y levante la mano, indicando a mi corte que cerraran sus picos. O estaba sufriendo de paranoia o realmente había alguien oculto entre las sombras asechándonos.

30 noviembre 2007

Capitulo II, Episodio 3


Y no Era Yo el Cazador, si no la Presa

Me quede parado en el primer escalón, no había sido invitado a seguir a ningún parte, mi misión había finalizado. Me quede mirándola subir los escalones uno a uno, observando como alternaba sus piernas flacas. Pensé ¿Debía seguirla? ¿Debía esperar a que me invitara pasar a su apartamento? ¿Debía pedírselo yo primero? ¿Debía darle un simplísimo hasta la próxima? ¿Debía dejarla ir en silencio?

- Pues claro que debías seguirla… No iba a ser tan lanzada de invitarte a pasar la noche a su lado, el mismo día que la conocíste – Argumentaba El Siete Muertos.

- “Ese huevo quería sal” – Se echaba a reír La Marrana – Tenias que haberle dicho que si quería ver una película de miedo mientras se hacia mas tarde, y ahí aprovechar y “darle como a rata” –

“Darle como a rata” es sinónimo de hacer algo con tal magnitud e intensidad del mismo modo que se le golpea a un ladronzuelo callejero cuando es sorprendido robando. La idea de La Marrana era que me debía quedar teniendo sexo con esa misma capacidad y energía. En contraste con la opinión del Zarco, con su elevadísima autoestima y arrogancia. – ¡Noo, marica! Usted lo que tenia que hacer era darse la vuelta y esperar a que le rogara que se la “comiera”, que vea que usted no se la “rinde” a ninguna “vieja” -

Sonreí en medio de un suspiro.

- ¡Marica, cuente que hizo pues! – Preguntaba La Marrana.

- Mínimo se autoinvitó a seguir… ¡Mucho perro! – Era lo que presumía El siete Muertos.

- No se porque me late que “la hueva” - Refiriéndose a mi, La Marrana – La dejo ir y no le dijo mi “mierda.”

Solo me di la vuelta sin responder una sola palabra, pues me estaba sintiendo algo presionado; al fin y al cabo era mi vida privada, la que estaba exponiendo a la picota publica. ¿Que? si la había dejado ir, ¿Que? si no había contado con la habilidad mental o el arrojo suficiente para convencerla de pasar la noche conmigo, ¿Que? si me pase de atrevido… ¡Que carajos les importa!

- ¡O se la hundió, y hasta los “güevos”! Si, Eso fue – Insistió el zarco

- Pues no. En realidad no fue tan rápido – aunque la verdad solo quería ser modesto un rato, solo hasta que les confesara que a las tres horas de conversar con ella por vez primera, estaba dando mis primeros pasos hacia mi iniciación sexual.

¿Poder de seducción, innato? Podría pensarlo así, ¿Por qué no? Irresistible atractivo y habilidad verbal, mezclado con ese no se que, en no se donde, que hacia que me estrenara con un gran amante ¿Por que no? O Talento en el arte del amar y mucha fortuna, una habilidad expuesta en el momento exacto y en el lugar preciso ¡Pudo ser!

- Otro de sus misterios – Cario sin ningún efecto, El Siete Muertos.

Desde una perspectiva menos egocéntrica, podría ser... Un gran apetito sexual reprimido en ella y la oportunidad de saciarlo en el instante ¿Por qué no?, la lujuria, la lascivia y la promiscuidad como vicio al entablar algún tipo de trato con alguien del sexo opuesto ¿Por qué no? ¿O una amalgama entre determinación y sensualidad, para sumir en sus pasiones, a quien bien le pareciera? Y no era yo el cazador, si no la presa ¡Pudo ser!

-Yo solo la deje ir en silencio. Dio tantos pasos como quiso, hasta que se detuvo en mitad de las gradas; me miro con picardía, me dio una sonrisa y dio la vuelta nuevamente. Le di la espalda y luego sentí que los tacones de sus zapatos chocaban con prisa los escalones. Todo apuntaba a que algo estaba por pasar.

22 noviembre 2007

Capitulo II, Episodio 2


Transpiraba Sensualidad y Provocaba Toda Clase de Malos Pensamientos

- ¿Y Sandra estaba amarrada a un papayo? - Preguntaba irónicamente La Marrana.

- ¡No! De boba no tenia un pelo – Se une a la conversación, aun sonámbulo, El Zarco – Antes por el contrario había que tener mas cuidado con esa mujer –

- ¿Acaso, también vivía en tu unidad residencial, que crees conocerla? – Interrogaba La Marrana al Zarco.

- Pues si es la misma que yo pienso, si –

- Si, ella es – Ahí estaba El Zarco de nuevo, dando fe de lo poco que sabia sobre mis romances – Se había mudado unos meses atrás al mismo edificio donde vivían los padres del Zarco. Aunque la conocía de vista, nunca había intercambiado un saludo formal en todo ese tiempo, solo la miraba pasar de largo con su típico caminar en las puntas de sus pies, sus libros en la mano y su cabello liso, largo y suelto, sostenido por sus lentes.

- Y sin gracia alguna – interrumpía el Zarco

- Es posible – Le conteste airadamente – Pero si vamos a comparar la que me desvirgo a mi con la que te “voló el gorro” a vos, creo que me fue mucho mejor –

El Zarco solo se quedo callado, mientras que los otros dos nos careaban. – Continúo. Aunque el Zarco tuvo un peor principio que yo, había que reconocerlo, Sandra no era precisamente una “top model” Pero traspiraba sensualidad y provocaba toda clase de malos pensamientos el contoneo de sus senos. Era muy difícil dirigir solo la mirada a su cara, cuando se conversaba con ella; un extraño impulso me hacia inspeccionar constantemente las colinas, que sobre sus blusas ajustadas, se alzaban imponentes. Y fue ese salvaje impulso, que me obligaba verla caminar, el que me ponía en evidencia haciendo que ella lo notara y me lanzara una que otra sonrisa coqueta -

- ¿Y fue así que te la levantaste? - Preguntaba el Siete Muertos

- Hmmm no, no fue iniciativa mía. Digamos que sin darme cuenta de eso, ella me venia observando, al parecer yo también le gustaba. Ya que en ese entonces yo tenía algo, que ahora puedo asegurar, es su fetiche preferido –

- ¿Cuál… Cual es su fetiche? – Me preguntaba el Zarco

- Ya se los diré, pero ¿En realidad les gustaría saberlo? – Ya me empiezo a divertir con esto de crearles intriga, de siempre dejarlos en el momento más interesante de sus banales conversaciones. Mira como lucen, parecen lechuzas mirándome desde los bordes de sus nidos; a la expectativa de conocer los gustos, las preferencias, las aberraciones y las excentricidades sexuales de una ciudadana cualquiera. - Venia de estudiar, pues aun estaba en la secundaria, cuando me la encontré esperando en la parada del bus. No era un buen sitio para que ella estuviera sola, alguien podría robarla o tener algún atrevimiento. Así que después de nuestro acostumbrado intercambio de miradas, decidí dar marcha atrás y preguntarle si quería que le acompañara hasta que tomara el bus. Ella asintió y abrió sus ojos como solía hacerlo cada vez que quería expresar asombro; ese gesto me hizo sentir cómodo y me senté a su lado para protegerla. Que ya es tarde, que el bus no va pasar, que hacia donde iba, cual es tu nombre, a que te dedicas, en que universidad estudias… y quien sabe cuantas más cosas se me ocurrieron preguntarle para extender la conversación, de igual modo ella se interesó por mis asuntos. Así trascurrió mucho mas que una hora, era lógico que había perdido el ultimo bus, que no tenia otra opción que esperar por un taxi o caminar y caminar: “no, creo que mejor me quedo en casa. Lo que pasa es que me da una pereza terrible quedarme esta noche sola” bueno, yo podría acompañarte un rato hasta que tengas que irte a la cama, la seguí pues hasta las escaleras que llevaban hasta su apartamento, el ultimo del edificio.

15 noviembre 2007

Capitulo II

Un Bobo Amarrado a un Papayo

Entre las risas del Siete Muertos y La Marrana, alcance escuchar algo que se arrastraba en la penumbra del pasillo, presentí que podría ser un guardia que venia transitando con la linterna apagada; pero, ¿a esta hora, solo y con Las Ratas pernoctadas a lo largo del pasillo? No lo creo. Levante mi mano indicándole a mis compañeros que no estábamos solos. Que había alguien mas escuchando la conversación.

- ¿Que viste? – Susurra La Marrana.

- Ssssshiiiiiii –

- Yo no veo nada – Agrega El Siete Muertos – ¿Que viste vos?

- No se, me dio la impresión de que alguien estaba cerca de la reja – Les hable en voz baja.

- Debe ser Berta la “descachuchadora” que viene por tu “chichi” – agrega jocosamente La Marrana.

- Ja ja… Tan chistosos los “Hijueputas” – Me di la vuelta y respire profundo.

- Y bien… te iba hacer una pregunta… eh, si no perdiste la virginidad con Charol Camacho, ¿con quien fue? –

- Carlitos… Fue con una vieja amiga… Sandra -

- ¿Y como era? – Continúa Preguntando el Siete Muertos

- Pues era uno o dos años mayor que yo. Había acabado de llegar de una pequeña ciudad al norte de aquí, donde todas las familias tienen un tío bobo amarrado a un papayo, Guadalajara de Buga.

- ¿Y como es eso del bobo amarrado a un papayo? –

Esa manía de la gente de andarme preguntando cosas que no tengo por que saber. Y yo lo que no se, lo consulto, o si no me lo invento, el objetivo es no quedarme callado.

- ¿Pues que te digo? Los bugueños tienen una leyenda que casi desplaza a la del Señor de Los Milagros, y es esa, la del bobo: Un día, estaba mi profesor de redacción dando un acostumbrado discurso sobre política y economía criolla, y toco el tema de las familias todopoderosas de las pequeñas villas colombianas: realmente nacidos en cuna de oro, de ancestros europeos, con apellidos reconocidos y respetados, y fortunas incalculables que les daba el poder de poner todas sus fichas, políticas y sociales, en el orden que mas le conviniera, y de ese modo seguir siendo los señores feudales. Con los hijos graduados en las mejores universidades de Europa y Estados Unidos y las hijas ganadoras de algún certamen de belleza y educadas exquisitamente en artes & letras, glamour y relaciones personales; no podrían emparentar con plebeyo alguno, fueran mestizos, mulatos; o sus “degradaciones”, algún tresalbo o quizá un grifo... o peor aun, zambos, o sus “engendros” interraciales, un zambaigo o un zambo-prieto. Talvez si le echamos mas leña al fuego, de este sancocho racial podrían desdichadamente casarse con algún mulato-prieto, un coyote, un jíbaro o un cambujo. Quien iba a permitir pájaros negros o indios en tan bello árbol genealógico caucásico.

- ¿Qué, que?-

- ¡No pierdas el hilo! – le reproche al Siete Muertos – y como no habían muchos europeos no judíos rondando por las haciendas del Valle de Cauca. No tenían otra opción que casarse entre ellos, evitando así el mestizaje y la dilución de la fortuna. Entonces el incesto dio paso a la consanguinidad de la crema y nata social, y como el pobre quiere parecerse, actuar, vestir, y concurrir donde el rico, estos empezaron a cuidar sus apellidos criollos y humildes, casándose entre primos hermanos y primos segundos, y ganar algo de alcurnia. Y empezaron a germinar, en ambas esferas sociales, los primogénitos deformes y bobos, que por defectuosos y peligrosos terminaban siendo amarrados en uno, de los dos patios que suelen tener las clásicas casas de adobe, en el calido Valle del Cauca. ¿Y por que de un papayo?… ¡Que carajos voy a saber! A lo mejor porque crecían mas rápido que los desdichados vástagos, terminaba mi profesor confesándonos, que de su familia, el bobo del papayo ¡Era el!

11 noviembre 2007

Capitulo I, Episodio 12



La Respiracion de la Sacerdotisa de Eros

Ya estando completamente desnuda el escenario era otro; quizás los nervios que te envolvían, dejaba en segundo plano la excitación conseguida; la barbilla te empieza a bailar de arriba abajo haciendo que tus dientes chasquearan, un temblor incontrolable que se apoderaba de tu cuerpo hacia creer que estuvieras bajo cero, desnudo y empapado.

Pareciera que su experiencia le permitiera entrever, que estabas a punto de tener un colapso nervioso; con sus pechos bamboleantes y sus pezones morenos apuntándote como si esperaran por la orden de disparen, se acercaba a tu lecho; y poniendo una mano en tu huesudo y lampiño pecho, te empujaba, suavemente, a tomar una posición de reposo; su vos calida te decía que te tranquilizaras, que no había nada que temer, que pensaras que era solo un juego.

Te abrazaba maternalmente mientras incestuosamente desabotonaba tu pantalón. Quitatelo “sardino” hermoso, era la orden que sin intentar alegar empezabas a cumplir. Con tus pantalones en las rodillas la camisa en el suelo, los zapatos en algún lugar debajo de la cama, no tenías más elección que sucumbir ante su treta sin buscar escapatoria.

Sus labios recorrían tu cuerpo, probando cada parte de el, mientras una mano acariciaba tu sexo por encima de lo húmedos y ridículos calzoncillos escogidos por tu madre. Una ligera erección estaba por venir, pero vacilaba en su arribo, por el temblor que te poseía como un maléfico fantasma.

Cerrabas tus ojos y escuchabas todo: la gente bebiendo que golpeaba las copas y las botellas, un tango del “Morocho del Abasto”, carcajadas, el clic-cloc del reloj de cuerda, la respiración de la sacerdotisa de Eros, tu propia respiración y el reventar de la saliva que lubricaban sus besos. Demasiada percepción auditiva, demasiada sensibilidad al tacto, demasiada capacidad olfativa. Las puntas de sus pechos rozaban tu piel, su cabello ensortijado cosquilleaba tu cara, el vellón de su pubis pintaba como brocha, tu pierna, con su calido néctar. Pero la inexperiencia te mantenía ahí, inmóvil.

Su mano entra decididamente por debajo de los calzoncillos y sostiene tu erguido sexo, como a un pollo se le sostiene por el cuello; el vaivén de su mano te hace recordar las ocasionales y temerosas masturbaciones por miedo al castigo de Dios, (como si el estuviera tan desocupado para fijarse en quien “se la hace”) o peor aun, a la salida sorpresiva a través de un espejo del mismísimo ¡Diablo!

- Diablo, Diablo… ¡mierda este “man” se nos va a quedar embobado del totazo, un día de estos! Respondeme si te llevaron donde una descachuchadora –

- ¡Ja! Se debe estar acordando – Exclama La Marrana.

- ¡Que no, que no! – Conteste bastante molesto. - Solo imaginaba como seria ir donde una -

- ¡Uy si, como no! Recordar es vivir - Continúa burlándose La Marrana en compañía del Siete Muertos

- Imbéciles, algunas veces se comportan como “culicagados”. “Mamones de mierda”, ¿no tienen más que hacer? -

- ¡No! – Contestan al unísono, mientras se tapaban la boca con las almohadas, para evitar que los guardias escucharan su acto de indisciplina carcelaria.